Las Heridas del Alma

Las heridas que impiden ser copia

Imagen: boceto serie “Identidad” de Rocío Arana, Areniah.

Más que nunca, se necesita afrontar la realidad, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, son cuestiones que vienen a nuestra mente como un torbellino, cuando queremos afrontar la realidad sin saber tan siquiera por dónde empezar.

Como artista, siempre indagué en el aspecto del ser humano, como SER, en relación a la realidad que creaba de sí mismo para crearse a sí mismo como ser perfecto.

Con el paso de los años, estudiando, indagando, y, cómo no, tras mi propia vivencia personal, me di cuenta, que en la sociedad de la globalización, en la que necesitamos de la afirmación surgida de la aceptación social, la sociedad estaba subconscientemente influida por el marketing, del cual,  la mayor parte de la sociedad ha hecho mala lectura y, buscando esa aceptación se acabasen negando su propia identidad. De este modo, como si del reflejo de un espejo se tratase, se convierte la persona en un producto que quiere buscar la  aceptación del resto, dejando a un lado la aceptación de sí mismos.

La cuestión es, que hasta que no pasaron años no hallé la raíz del asunto; LAS HERIDAS DEL ALMA. Concepto que descubrí tras una vivencia personal, que como dice el refrán “no hay mal que por bien no venga”. Aprendí muchísimo acerca de aquella realidad que como artista llevaba años intentando obtener el porqué y… vaya si lo obtuve, de la forma más inesperada.

Tras leer el libro de Lise Bourbeau “LAS CINCO HERIDAS QUE IMPIDEN SER UNO MISMO” en el que reflexiona diciendo que ante todo, debemos aceptarnos a nosotros, pero, para ello, previamente debemos aceptar nuestras heridas. Ya que, sentirnos culpables o juzgarnos, sin que nos lleve a una toma de decisión y un posterior crecimiento personal, nos lleva a no aceptar esa herida que nos impide espiritualizar la materia y aprender de la experiencia vivida. Mientras haya miedo, hay herida, sin llegar al auto perdón. Pues, lo que nos hace humanos y nos hace perfeccionarnos en todos los sentidos es aceptar nuestras limitaciones y, con ello, acabamos descubriendo nuestra herencia divina.

Lise Bourbeau menciona como cinco heridas principalmente; la traición (tras la máscara del control), la injusticia (tras la máscara de la rigidez), la humillación (tras la máscara del masoquismo emocional y mental), el abandono (tras la máscara de la dependencia) y el rechazo (tras la máscara del retraimiento).

En el momento en el que se de una tan sólo, pues no tienen porqué darse las cinco, estaremos en vía muerta y ocultando nuestra Identidad a nosotros mismos, impidiendo brillar como ente individual, no dando lo mejor de nosotros ya que, el sentimiento de mediocridad en el que uno se ve inmerso, le impide avanzar.

Para sanar las heridas, hay que aceptarlas, perdonarse y darse cuenta que cada ser humano es diferente de otro y, ese hecho en sí, es maravilloso, pues nadie, puede ser cómo tú. ¿Cómo? Quitando todas las barreras de limitación a uno mismo que impidan ser lo que quiera, sentir, pensar y vivir. Sobre todo, sentir.

Resignación (Conceptos sombra que pueden ser luz)

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Estudiando los posibles conceptos que se pueden relacionar como “sombra” o la parte más negativa para el ser humano, me he dado cuenta que hay conceptos, que pueden ser considerados negativos en un primer momento, realmente hacen crecer en su naturaleza más pura y de carácter espiritual al ser humano.

Uno de estos conceptos es la resignación“, cuando la persona (debo recordar que las personas se diferencian de los animales por la “consciencia del yo”) tras perseguir un objetivo o deseo que no logra alcanzar, acepta la situación que se le presenta  con una sensación acompañada por la impotencia y la frustración, adoptando una actitud pasiva y paciente, no dejándose dominar en sus emociones ni por el ego. Si se produce esta resignación tomada como renacer “espiritual” en el que el ego deja de predominar y el objetivo a perseguir es más claro, porque sólo depende de la persona (individuo) y  la persona valora más todo lo positivo que posee en su existencia, sin dejarse llevar por la parte negativa que le aporta la frustración, se produce una evolución o crecimiento espiritual que provoca que este sentimiento negativo, se transforme en algo más puro y claro. 

Es semejante al concepto de “renacimiento“, el ser humano, para crecer, evolucionar y seguir su naturaleza, necesita conocer una parte negativa “sombra”, sin caer en ella, para iluminarla posteriormente (luz) con sentimientos más positivos que le aporten paz, bienestar y tranquilidad. 

El reflejo más claro que he encontrado de este concepto (uno de los primeros que estoy empezando a desarrollar en el trabajo de investigación “luz y sombra” ) es el siguiente fragmento de “La Tercera Resignación” de Gabriel García Márquez. 

 “Hacía unos momentos estaba feliz con su muerte, porque creía estar muerto. Porque un muerto puede ser feliz con su situación irremediable. Pero un vivo no puede resignarse a ser enterrado vivo. Sin embargo, sus miembros no respondían a su llamada. No podía expresarse, y era eso lo que le causaba terror; el mayor terror de su vida y de su muerte. Lo enterrarían vivo. Sentiría el vacío del cuerpo suspendido en hombros de los amigos, mientras su angustia y su desesperación se irían agrandando a cada paso de la procesión.
         Inútilmente trataría de levantarse, de llamar con todas sus fuerzas desfallecidas, de golpear por dentro del ataúd oscuro y estrecho para que supieran que aún vivía, que iban a enterrarlo vivo. Sería inútil; allí tampoco responderían sus miembros al urgente y último llamado de su sis tema nervioso.
         Oyó ruidos en la pieza contigua. ¿Estaría dormido? ¿Habría sido una pesadilla toda esa vida de muerto? Pero el ruido de la vajilla no continuó. Se puso triste y quizá tuvo disgusto por ello. Hubiera querido que todas las vajillas de la tierra se quebraran de un sólo golpe allí a su lado, para despertar por una causa ex terior, ya que su voluntad había fracasado.
         Pero, no. No era un sueño. Estaba seguro de que de haber sido un sueño no habría fallado el último intento de volver a la realidad. El no despertaría ya más. Sentía la blandura del ataúd y el “olor” había vuelto ahora con mayor fuerza, con tanta fuerza, que ya dudaba de que era su propio olor. Hubiera querido ver allí a sus parientes, antes que comenzara a deshacerse, y el espectáculo de la carne putrefacta les produjera asco. Los vecinos huirían espantados del féretro con un pañuelo en la boca. Escupirían. No. Eso no. Era mejor que lo enterraran. Era preferible salir de “eso” cuanto antes. El mismo quería ahora deshacerse de su propio cadáver. Ahora sabía que estaba verdaderamente muer to, o al menos inapreciablemente vivo. Daba lo mismo. De todos modos persistía el “olor”.
         Resignado oiría las últimas oraciones, los últimos latinajos mal respondidos por los acólitos. El frío lleno de polvo y de huesos del cementerio penetrará hasta sus huesos y tal vez disipe un poco ese “olor”. Tal vez –¡quién sabe!— la inminencia del momento le haga salir de ese letargo. Cuando se sienta nadando en su propio sudor, en una agua viscosa, espesa, como estuvo nadando antes de nacer en el útero de su madre. Talvez entonces esté vivo.
         Pero estará ya tan resignado a morir, que acaso muera de resignación.”

Gabriel García Márquez. La Tercera Resignación. 1947

Aquí os muestro el primer boceto del que iré desarrollando, de forma más expresiva y sintética, este concepto. Creo que el ser humano con sus gestos transmite, sin palabras, las sensaciones y los sentimientos. Quién no conoce el dicho; “la cara es el reflejo del alma”, esto mismo, lo traduciría en gestualidad. No hay más que comprobar esto mismo mirando un poco a nuestro alrededor. 

 

Luz y Sombra

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Leyendo parte de la obra de Luis Cernuda, la antítesis entre la realidad y el deseo, base que tomo como referencia para desarrollar mi proyecto “LUZ_SOMBRA” ya que, similar a como deseo enfocarlo yo. Su obra era la colisión entre la libertad individual y la sociedad burguesa.

Mi enfoque se centra más en la colisión entre la naturaleza del ser humano (su verdadera naturaleza como individuo o parte del ser humano que asocio a la LUZ) y la parte no natural del ser humano, que el mismo ser humano crea (el entorno que ha creado y su tecnología o parte que asocio como SOMBRA).

Así como deseo demostrar en mi obra, para Cernuda la sombra era el testimonio de melancolía y callejón sin salida, del cual, considero, nos servimos los artistas para estudiar e investigar y, así, alumbrar el entendimiento humano.

Para Cernuda, la luz es la vivencia real plena de la existencia, una resurrección del mundo de las sombras mediante el pensamiento positivo, mientras que la sombra, es la negatividad vivida por pensamientos turbios basados en la extrañeza, donde la soledad y la melancolía son la base del ahogo expresado por el poeta, el apego al dolor que conlleva al suicidio del sentimiento, pues, invade todo.

Cernuda es el ejemplo poético más claro del proyecto de investigación artística que estoy comenzando. ¿No siente el ser humano un sentimiento de ahogo existencial por perseguir aquello que no obedece a su verdadera naturaleza próximo a la muerte? O ¿acaso indica cuál es su renacer?.

Tras leer estos versos, he clarificado mi idea e inspiración sobre cuál debe ser el renacer del ser humano; La salida de la maraña social y existencial en la que se encuentra buscando la individualidad, el verdadero yo que le diferencia de los otros.

Una rápida sombra sobrevino.

Entonces, hondos bajo una frente, vi unos ojos

Llenos de compasión, y hallé temblando un alma

Donde mi alma se copiaba inmensa,

Por el amor dueña del mundo.

Vi unos pies que marcaban la linde de la vida,

El borde de una túnica incolora

Plegada, resbalando

Hasta rozar la fosa, como un ala

Cuando a subir tras de la luz incita.

Sentí de nuevo el sueño, la locura

y el error de estar vivo,

Siendo carne doliente día a día.

Pero él me había llamado

y en mí no estaba ya sino seguirle.

Por eso, puesto en pie, anduve silencioso (…)

Todos le rodearon en la mesa.

Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,

El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;

La palabra hermandad sonaba falsa,

y de la imagen del amor quedaban

Sólo recuerdos vagos bajo el viento.

Él conocía que todo estaba muerto

En mí, que yo era un muerto

Andando entre los muertos.

Sentado a su derecha me veía

Como aquel que festejan al retorno.

La mano suya descansaba cerca

Y recliné la frente sobre ella

Con asco de mi cuerpo y de mi alma.

Así pedí en silencio, como se pide

A Dios, porque su nombre,

Más vasto que los templos, los mares, las estrellas,

Cabe en el desconsuelo del hombre que está solo,

Fuerza para llevar la vida nuevamente.

Así rogué, con lágrimas,

Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,

Trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,

Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista

Ahora. La hermosura es paciencia.

Sé que el lirio del campo,

Tras de su humilde oscuridad en tantas noches

Con larga espera bajo tierra,

Del tallo verde erguido a la corola alba

Irrumpe un día en gloria triunfante.

                     Luis Cernuda. Lázaro

Reflexión de uno de los poemas de Víctor Hugo “Hojas de Otoño”

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“Hojas Caducas”. Fotografía de Areniah. Octubre 2006.

Tras una semana un tanto frenética… Pese a la cantidad de proyectos y quehaceres, me propuse iniciar mi propio blog, para contar a aquellos que se encuentren como yo o a los que sólo les interese, mis proyectos y mi proceso de investigación creativa, en el que siempre encuentro nuevos centros que potencien mi expresión

Las ideas evolucionan, con el fluír del tiempo y éste lo refleja en nuestro entorno, del que, como ya sabrán aquellos que me conocen, la naturaleza es su mejor expresión.

Es la que enseña al ser humano, no sólo la conciencia de su ser de la que proviene, sino, a vivir disfrutando de lo que le muestra con su observación.

El otoño se considera período de reflexión personal, el ser humano, asume mejor sus defectos para potenciar sus cualidades, sabiendo que su ser físico es caduco, como caduca las hojas que vemos a nuestros pies. 

Por eso hoy, leyendo unos poemas de la obra de Víctor Hugo “Hojas de Otoño” de 1831, el siguiente poema ha sido uno de mis “centro” de reflexión:

Cuando el libro sobre el que se queda dormido todas las noches mi pensamiento;
cuando el aire de la casa y los cuidados del hogar;
cuando el murmullo de la ciudad resuena;
cuando las múltiples ocupaciones que llenan nuestros días, en su círculo limitado pesan durante mucho tiempo sobre mi cabeza y obligan a la mirada de mi alma a dirigirse hacia la tierra, 
mi fantasía se escapa al fín, se va, corre, y en la llanura toma el sendero que tomará mañana, que la extravía a la aventura, pero que la hace regresar a su sitio, como el corcel prudente que conoce el camino.
Corre hacia los bosques, donde en la sombra indecisa flotan tantos rayos, tantos murmullos y tantas voces, y se internan en la espesura de las selvas.

 

Víctor Hugo. Poema XVI. Hojas de Otoño. 1831